miércoles, 24 de julio de 2013

ISABEL DE FARNESIO, LA MADRASTRA, MALA, MALISIMA de España o la puñetera abuela de todos los borbones.




ISABEL DE FARNESIO, LA MADRASTRA, MALA, MALISIMA de España o la puñetera abuela de todos los borbones.

Cuando hace poco más de unos años comencé a recopilar información en esta gran biblioteca pública que es internet, no pensé que el personaje más interesante y malvado de todos era esta mujer, incluso más que su marido Felipe V, tal vez tan solo superada por el más abominable de todos los reyes borbones, Fernando VII, fue una autentica madrastra no solo para sus dos hijastros sino para España...
 Esta Isabel de Farnesio, reina consorte de Felipe V, vivió durante el reinado de cuatro reyes, o honor a la verdad, cinco reinados y una regencia: Los reinados de sus dos hijastros, Luis I y Fernando VI, el de su hijo Carlos III, los dos reinados de su marido y regente de Carlos III, tras la muerte de Fernando VI.  Ejerció de auténtica monarca soberana,  por encima de Felipe V y Luis I, que resultaron ser auténticos peleles sumisos a su malvada voluntad, lo intentó sin éxito con Fernando VI, que termino desterrándola a La Granja, siendo,  como ya he dicho anteriormente,  regente tras la muerte de este y valedora de su hijo Carlos III. Fue una instigadora nata, se presume que su hijastro Luis I no enfermo de viruela por casualidad y también quedaron sombras sobre la muerte de su otro hijastro Fernando VI.  Fue una autentica madrastra mala, malísima, pero no de cuento sino de película de terror, por tanto no debe sorprendernos la herencia genética que transmitió a sus descendientes, esta madre de todos ellos y madrastra de los dos hijos de su marido y de todos los españoles.
De Isabel Farnesio, el rey Federico II de Prusia escribió: "La Reina Isabel Farnesio habría querido gobernar al mundo entero; no podía vivir más que en el trono. Se la acusó de haber precipitado la muerte de don Luis, hijo de un primer matrimonio de Felipe V. Los contemporáneos no pueden ni acusarla ni justificarla de este asesinato. El carácter de esta mujer singular estaba formado por la soberbia de un espartano, la tozudez de un inglés, la sutileza italiana y la vivacidad francesa. Andaba audazmente hacia la realización de sus propósitos; nada la sorprendía, nada podía detenerla..."
Como ya comenté en Felipe V, “el Guarro”, se quedó viudo y su apetito sexual resultaba inagotable, al mismo tiempo que su puritanismo y remordimiento eran inmensos, lo cual le provocaba terribles dolores de cabeza.  Siempre encontraba nobles damas de la corte dispuestas a aliviarle, solteras, casadas, vírgenes o no, incluso prostitutas.  Pero claro luego los remordimientos en una mente tan enferma y reprimida hacían que la cabeza la tuviese siempre a punto de estallar, pensando como ya he dicho, iba a ser cliente de Satanás, considerando mucho más pecaminoso esos devaneos sexuales que el tráfico de esclavos, los cuales no le producían ningún remordimiento de conciencia.  El pobre pecador, alternaba momentos de desenfreno con apatía total, hasta el punto de ver visiones.  Por tanto, la prioridad era encontrar nueva esposa para que el rey pudiese fornicar sin miedo a arder en las hogueras del infierno.
La princesa de los Ursinos como camarera mayor de la corte y "regente" efectiva de la corona española ante la apatía de Felipe V, fue la encargada de las negociaciones matrimoniales, siendo ella la decisión de elegir a la candidata.    La designada para convertirse en segunda esposa de Felipe V fue Isabel Farnesio , princesa de Parma, única hija de los príncipes herederos de Parma.  La elección no fue    nada casual, aparte de la anciana princesa  de Ursinos influyeron en la elección, los cortesanos más allegados al rey,  hartos de hacer de “celestinas” o cornudos consentidos ¿cómo iban a negarle ellos nada a su católica majestad?
Dicen que Isabel de Parma era una mujer alta y bien formada, con gran  vitalidad y unos ojos que emanaban carácter y ambición como de inmediato se demostró, por haber padecido la viruela había perdido parte de su belleza original.  A su mentora la princesa de Ursinos , le fue descrita como como una mujer sumisa, sencilla, sin carácter, inofensiva y manipulable, relegada a una posición tan discreta que no tenía más aficiones que la de bordar y atiborrarse de pasta, queso parmesano y mantequilla, en suma todo lo contrario de cómo realmente era. Claro le querían vender el burro y lo consiguieron con terribles consecuencias para la  Princesa de Ursinos, como ya vemos a continuación:

Isabel de Farnesio realizo el viaje por tierra, en Guadalajara le esperaba la princesa de Ursinos, como ya he dicho era una anciana de más de setenta años, con los achaques propios de la edad, por lo que al recibirla no ejecuto la reverencia completa que correspondía hacer a la reina, que ya lo era porque se había casado por poderes en Parma, confiada la anciana de la descripción dada la trato con familiaridad, permitiéndose incluso coger a la reina de la cintura, Isabel se puso fuera de sí, ante tales familiaridades, expulsándola inmediatamente de su presencia y de España.  El jefe de la Guardia Real, temeroso de las posibles represalias de la princesa de Ursinos, solicito la orden por escrito a la nueva reina, e Isabel sin dudarlo un momento pidió pluma y papel y firmo la orden de expulsión de quien la había hecho reina de España, como vemos el agradecimiento no era virtud que mostrase ni en público ni en privado.
Informada sobre  el punto débil de Felipe V no dudó en aprovecharse de él, comenzando pronto la terapia de choque,  apenas había terminado la ceremonia nupcial, sin comenzar el banquete, agarro a su marido y se lo llevo a la cama para consumar el matrimonio,  dejando plantados a todos los ilustres huéspedes e invitados, que bien sus  ojos no fueron testigos si lo fueron sus oídos…

 Desde ese día, Isabel descubrió que, debido al lujurioso temperamento de su marido, podría dominarlo fácilmente desde el lecho conyugal, sus armas de mujer y su ambición serían su sello. Tanto es así, que unos años después de la boda, se comentaba no solo en la Corte española sino también en la de Versalles que el rey se debilitaba a ojos vista, debido sobre todo a los numerosos encuentros que tenía con la reina.

Autoritaria defecto que transmitió a los futuros borbones, con gran carácter.   Isabel de Farnesio, su peso en la corte fue aumentando paulatinamente llegando al cenit en los últimos años de reinado de su marido, más retraído y ensimismado a medida que envejecía. Fue una autentica madrastra en el peor sentido de la palabra, no hay nada claro de las circunstancias de como contrajo la viruela su hijastro Luis I, siempre hubo sospechas fundadas o no contra la reina madre, a la muerte de su marido, intento hacer valer los derechos de sus hijos contra su hijastro Fernando VI, convirtiéndose en una auténtica  pesadilla para sus hijastros, a los cuales nunca mostro afecto alguno, al considerarlos rivales de sus propios hijos y de la  carrera de los mismos  hacia el trono.

Fernando VI tomó una decisión drástica para poder gobernar en paz: la desterró al Palacio de La Granja, cerca de Segovia. Pero ella, orgullosa, se salió por la tangente. Consiguió permiso del rey para edificar su propio palacio en el cercano paraje de Riofrío,  un coto de caza real donde aspiraba a levantar su propia corte desde donde presionar al rey. Éste, con tal de tenerla lejos y ocupada, accedió a sus pretensiones.
Tras la muerte de Fernando VI, consiguió ver a su hijo Carlos III como rey de España.  Isabel de Farnesio fue madre de un rey y dos reinas: Carlos (1716-1788), que ocuparía los tronos de Nápoles-Sicilia y de España con el nombre de Carlos III; María Ana Victoria (1718-1781), que sería reina de Portugal tras casarse con José I y María Antonia Fernanda (1729-1785), esposa de Víctor-Amadeo III (Turín, 1726-Moncalieri, 1796) duque de Saboya y rey de Cerdeña entre 1773 y 1796.
Isabel de Farnesio bien pudo ser inspiradora de otras madrastras de cuento, desgraciadamente para España, esta madrastra mala, malísima fue real y de esa maldad descienden todos los borbones que han reinado España.

©Mis historias borbónicas

©Paco Arenas

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